…ES COMO VOLVER AL MAR…
La mar, hembra primera…
L. E. Aute
…es como volver al mar…, como un largo deseo de crepúsculo…; silencioso agujero al que caer…, cielo reducido a segundos…; como un infierno que se cierne desde la dicha…, o una muerte contenida… Amarte es como volver al mar: los pies hundidos en la arena, admirando la inmensa desnudez que te define, apurando las ondas que te crean…

Y, como si cayera, de pronto, una lágrima de noche surcando la mejilla de la playa, nace el llanto que te expresa reciente y viva, que nombra el cuerpo que se impone en un húmedo roce que me asalta y se va. Entonces, la primera soledad, comienza una tonada de sirenas que me devuelve a la orilla por miedo a perderme; una plegaria monótona que me retiene, por el misterio que irradias, al borde del abismo; obligado a entender la masa de la espuma; el peso del humo..
Pero, lentamente, avanzo; me sumerjo en los humores salados que me traes en la marea, desleído por la resaca visual de ese gesto de labios casi malvas con que me llamas a tu seno. Y con el agua al pecho, procuro distinguir las olas que me arrastran, degustar la humedad que se mezcla en mi saliva, y aprender el rumor constante que se me escapa como una molécula de sonrisa o espanto, como una tonelada de aire.
Ya estoy postrado, en el centro de tu más íntima profundidad salina, donde todo es aroma y asfixia, todo simulacro de salvarse, todo caricia violenta que enreda algas en torno a los ojos.
Y así, como quien busca tus entrañas ―paso inseguro―, pronunciando tu vientre ―voz deshilachada―, tu azul se irá tornando en caricia líquida y total, prodigando lunas reflejadas en la inquietud, acaso esperando que mi cuerpo se disuelva plenamente hasta tocar mi boca con la sal ―sudor del infinito―, acaso esperando que huya hacia mi deseo de poseer lo inasible…
…no quedará entonces sino silencio y aire; silencio encendido y aire…
Más allá del sueño, la realidad te aleja de mí hasta que no te distingo; y me lleva a este infierno de distancia, del brazo extendido sin poder tocarte ―me destroza no poder amarte siempre―; de nuevo la soledad y el vacío de tu presencia demasiado lejana ―no poder ahogarme siempre―; infinitamente absurdo cuando no soy tú ―no poder hacerme agua―.
Aquí, en la orilla, solo distancia, frío y distancia, recuerdo asustado de manos, labios, silencio y aire, sudor y sal.
José Escánez Carrillo

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